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Debate sobre la crisis capitalista

Astarita, Rolando : Crisis crónica del capitalismo y capital dinerario , Razón y Revolución Nº 15, 1er semestre de 2006.

 
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Crisis crónica del capitalismo y capital dinerario

El argumento de Juan Iñigo Carrera

Analicemos ahora el argumento sobre la posibilidad de una reproducción ampliada del capital (crecimiento durante años a una tasa de 3%), con sobreproducción crónica, financiada con endeudamiento.
Supongamos que el producto mundial, en t1, es
5.000 c + 1.000 v + 1.000 s = 7.000
Si no hay problemas de realización (de venta), al finalizar t1 el producto es 7000; si los capitalistas consumen y gastan improductivamente 790,[vi] e invierten 210 para ampliar la masa de capital constante y variable al comienzo del siguiente período, t2, al finalizar este período tendremos un producto igual a 7.210 (crecimiento del 3%):
5.150 c + 1.030 v + 1.030 s =   7.210
Hasta aquí la economía mundial puede crecer, de un período anual al otro, el 3%.
Introducimos ahora el supuesto de Juan Iñigo Carrera: existe una crisis de sobreproducción, que es financiada por el crédito. Suponemos que existe un sector que llamamos capital dinerario, que posee en forma líquida un valor equivalente a todo el valor nuevo creado durante el período, esto es, 2.000. Supongamos ahora que al finalizar t1 en lugar de 7.000 se realiza un valor de 6.650, o sea, hay una caída general de las ventas del 5%. El stock de mercancías sin vender es de un valor de 350. Al finalizar t1 los capitalistas experimentan, entonces, una catastrófica caída de su tasa de ganancia, ya que sólo pudieron realizar una plusvalía de 650. Ni siquiera pueden cumplir sus planes de consumo y gasto improductivo. Todo indica que estamos en presencia de una crisis de sobreproducción “hecha y derecha”, pero aquí interviene la “solución” que (Iñigo Carrera imaginó) está empleando hoy el capitalismo, a nivel mundial, para arrastrar su “crisis crónica de sobreproducción” y crecer al mismo tiempo el 3% anual: los capitalistas, explica, se endeudan.
Sigamos entonces esta lógica. A pesar de que al finalizar t1 los capitalistas enfrentan una crisis de sobreproducción, deciden tomar dinero en préstamo no sólo para mantener la rotación de sus capitales y consumir, sino también para aumentar la escala de la inversión. Suponemos entonces que toman prestado del fondo líquido 350 (a una tasa, supongamos, del 5% anual). Con este préstamo llevan a cabo sus planes de reproducción del capital al comienzo del período, t2. ¿Qué sucede entonces? Pues, sencillamente, que ahora se vacían los stocks, de manera que, al comienzo de t2 ya no hay crisis de sobreproducción. Es que, al contrario de lo que piensa Juan Iñigo Carrera, la crisis de sobreproducción no puede ser crónica en tanto los capitalistas decidan invertir la plusvalía, aumentando la contratación de mano de obra y ampliando la escala de la producción. Si los capitalistas ejecutan sus planes al comienzo del período, los mercados “se vacían”, los capitalistas realizan la plusvalía a partir de sus compras mutuas (como le explica Marx), y están en condiciones de devolver los préstamos al fondo de capital dinerario. Supongamos que lo hacen en los primeros 30 días de t2. Devolverán, entonces 351,46 transfiriendo así una parte de la plusvalía al fondo de prestamistas.
En definitiva, para que la economía en t2 pueda crecer el 3% tiene que haberse superado, lógicamente, la crisis de sobreproducción. Sin embargo, dado que Juan Iñigo Carrera nos ha hablado de una crisis “crónica” de sobreproducción, supongamos que al finalizar t2 nuevamente se produce una caída de las ventas del 5%. En este caso tendríamos que el valor realizado es de 6.849,5; o sea:
5.150 c + 1.030 v + 1.030 s = 6.849,5 (con un stock de mercancías sin vender por un valor = 360,5)
¿Qué hacen los capitalistas, según la tesis que analizamos? Pues de nuevo, y a pesar de la crisis de sobreproducción, deciden pedir prestado por valor de 360,5 no sólo para mantener el capital, sino para aumentar la inversión. Pero si obtienen los préstamos y ejecutan sus planes, al comienzo de t3 de nuevo se habrá realizado todo el valor, y no tenemos crisis de sobreproducción. La acumulación no puede producirse sin elementos materiales (medios de producción y de consumo) y, por lo tanto, la realización del producto es obligada.
De esta manera los ciclos de “sobreproducción crónica financiados por capital especulativo” de que nos habla Juan Iñigo Carrera se suceden, siempre, con los capitalistas enfrentando crisis de sobreproducción, que se solucionan a partir de la decisión de los mismos capitalistas de seguir ampliando la inversión. Finalmente la única diferencia con respecto al esquema de reproducción “puro” de Marx es que existe un fondo que financia una parte creciente de la reproducción. En el límite, esto puede dar lugar a que el capital dinerario pase a tomar parte, formalmente, de la dirección de las empresas. Pero, desde el punto de vista teórico y práctico, nada se ha modificado en lo sustancial: el pago de los intereses es posible porque se produce plusvalía; el valor y el plusvalor siguen teniendo su fuente en la mano de obra explotada y, como ha demostrado Marx, en tanto el capital decida ejercer el poder de compra, o sea, gastar la plusvalía, la crisis se supera. Lo único a que obliga la explicación de Juan Iñigo Carrera es a introducir la hipótesis –contraria a toda lógica y a la realidad- de que los capitalistas deciden aumentar la inversión en medio de las crisis “crónicas” de sobreproducción. Y para colmo a suponer que esto ha venido sucediendo a lo largo de más de dos décadas, a escala mundial, de manera regular.

La realidad del capital especulativo siempre creciente

La tesis que sostiene que el capital puede desplazar a lo largo de décadas una crisis de sobreproducción mediante el endeudamiento refleja, en esencia, una concepción fetichista del crédito y/o el gasto fiscal, financiado mediante el endeudamiento público. Es fetichista porque atribuye al crédito propiedades que éste no tiene. El crédito es esencial al sistema capitalista y puede convertirse, temporalmente (como hemos visto) en una palanca de la sobreacumulación. Pero no puede, por sí mismo, postergar durante décadas y décadas y a escala mundial, el estallido de la crisis. Aclaremos, al pasar, que tampoco el gasto fiscal puede sacar a la economía de la crisis (a través del multiplicador keynesiano), una vez que ésta ha estallado.  Las inyecciones de gasto público, en medio de una crisis de sobreproducción, pueden disminuir temporalmente la acumulación de mercancías sin vender. Pero si los empresarios deciden no reinvertir productivamente los ingresos provenientes de estas ventas, el efecto multiplicador del gasto público es nulo. Los empresarios pueden, por ejemplo, utilizar el flujo de caja para achicar su deuda con los bancos. Estos últimos pueden, a su vez, utilizar estos ingresos para aumentar sus encajes líquidos ante el temor de que se produzcan corridas contra los depósitos. Insistimos, la dinámica de la crisis dependerá, en lo esencial, de las decisiones de invertir, o no, de los capitalistas. El caso de Japón, durante la década de los noventa, es ilustrativo al respecto. En esa década la economía japonesa padeció una larga depresión –crecimiento nulo o negativo durante muchos años- a pesar de gigantescas inyecciones de gasto estatal (en estos momentos el déficit público acumulado equivale a casi el 90% del PBI) y del crédito barato que se puso a disposición de las empresas.
Volviendo ahora a la tesis de Juan Iñigo Carrera, sobre el rol del endeudamiento de las empresas, terminemos esta breve explicación con algunos datos. Según el BIS (Informe anual 2005), y después de más de dos décadas de “sobreproducción crónica financiada con deuda”, como supone el autor, la deuda de las corporaciones no financieras de Estados Unidos, en 2004, era apenas superior al 2,5% del PBI. En el área del euro, no llegaba al 2%. En Japón las empresas se financiaban, en promedio y después de la larga crisis, con los flujos de cash propio. Por otra parte, la ratio deuda/capital accionario de las empresas de Estados Unidos estaba al nivel de 1990, el 125%. En la zona del euro estaba por debajo del 100%, mientras que en Japón había descendido al 50%. El pago neto de intereses de las empresas privadas no financieras, como % del flujo de cash del total de sus operaciones era, en 2004, en Estados Unidos, de aproximadamente el 10%, el nivel de 1997 (luego de haber tocado un pico, durante la recesión de 2001, del 17%). En el área del euro era menor, de aproximadamente el 7%, y en Japón del 5%. Son evidencias que no encajan con los argumentos de Juan Iñigo Carrera.

Conclusión y una consideración política

Hemos demostrado que los dos argumentos que se esgrimieron para negar la realidad del crecimiento capitalista mundial, durante las dos últimas décadas, no tienen sustento teórico ni empírico. De todas maneras, la tesis “catastrofista” en la izquierda goza de una innegable popularidad. Personalmente, opino que esta tesis está en la base de muchos análisis equivocados de la situación política y que estas hipótesis, a su vez, dan pie a tácticas y estrategias equivocadas (como la agitación permanente de consignas que llaman a iniciar ya la transición al socialismo). Por otra parte, estos postulados  encierran una visión pesimista sobre las posibilidades de la revolución proletaria (si las fuerzas productivas están, a largo plazo, al mismo nivel, la clase obrera no crece como fuerza social) y de la construcción futura del socialismo (si la producción de la riqueza material no aumenta, la futura revolución sólo podrá socializar la miseria). Sin embargo, hay que encontrar una razón de ser a la tenaz persistencia del enfoque catastrofista. Aventuro, como hipótesis, que el catastrofismo se adopta a partir de una decisión política. Esto es, a la inversa de lo que indicaría una lógica de materialista –el programa político se decide a partir de un análisis de las relaciones de fuerza entre las clases y de la situación objetiva que atraviesa el capitalismo- se adopta una lógica voluntarista (idealista), en que la táctica está decidida a priori y el análisis de la situación, económica y política, se deduce en consecuencia. De esta manera, la tesis catastrofista, en lugar de un análisis, pasa a convertirse en consigna, en acto de fe.


[vi]Por gastos improductivos consideramos todos los gastos que pueden ser necesarios para la reproducción del capital, pero no están destinados a la generación directa de plusvalor. Por ejemplo, el pago de empleados de comercio (en la medida que se dedican sólo a la metamorfosis del valor), de trabajadores del sector financiero, de gastos estatales, y similares.

 

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