Buenos Aires, 18 de abril de 2006 Estimado Juan: El miércoles 12 de abril dos compañeros me hicieron llegar el número de RyR con las respuestas de Sartelli e Iñigo Carrera a mis críticas sobre el catastrofismo económico, y el ejemplar de El Aromo, que viene con una crítica de Marina Kabat a mi posición sobre las 6 horas. Los compañeros me invitaron a continuar la discusión, e incluso a participar en un debate oral en el futuro. Ya en ese momento les manifesté mi escepticismo sobre lo fructífero que podía ser tal debate, porque me parecía que llegado un punto los argumentos terminan bloqueados, y que no hay manera de avanzar. Ahora, después de leer los artículos, constato que efectivamente el debate se mete en un callejón sin salida. Por ejemplo, JIC "demuestra", con un gráfico de elaboración propia, que el PBI de Estados Unidos es más bajo en los 1990s que en 1792. Ante semejante afirmación, no creo que tenga sentido seguir la polémica. No veo el objeto de demostrar que hoy el PBI de Estados Unidos es superior al de 1792. El que esté convencido del argumento de JIC, pues bien, que siga convencido. Si en la izquierda hay personas que piensan que el PBI de Estados Unidos hoy es más bajo que hace tres siglos, y que esto es ciencia, pues "allá ellos". Posiblemente haya gente que se interese en rebatir afirmaciones como ésta; en lo personal, tengo otras preocupaciones que me resultan intelectualmente más atractivas. Algo similar ocurre con la respuesta de Sartelli. En mi nota lo que demostré es que no se puede decir que las recesiones de 1990-91, o de 2001 "anularan" el crecimiento económico anterior. Pero esta cuestión no es tocada siquiera por Sartelli. Por el contrario, se lanza a atribuirme posiciones que no son mías, sin poner siquiera una cita. Por ejemplo, sostiene que en mi opinión las crisis "surgen de la nada". He escrito lo suficiente sobre la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, o sobre las crisis de Argentina, para eximirme de responder a esta falacia. De la misma manera sostiene que soy un "apologista" de la nueva economía. En mi libro doy cantidad de datos y testimonios de lo que ha significado esta expansión del capitalismo en términos de miseria, explotación y hambre para miles de millones de seres humanos. Por otra parte planteé que entre 2000 y 2004 la economía mundial creció a una tasa del 3,5% anual. Y que el mercado mundial creció a una tasa anual superior al crecimiento de los PBI a partir de 1985. En mi libro (y en otros escritos) expliqué que cuando se trata de “rebotes”, puede efectivamente decirse que la crisis no se ha superado, pero cuando estamos ante tasas positivas y persistentes a lo largo de años del ingreso, la inversión, la productividad y el mercado mundial, ya no podemos hablar de crisis crónica. Complementé todo esto presentando el marco general de una expansión del capitalismo hacia China y los territorios de la ex URSS y Europa del Este. Pero Sartelli no examina ni refuta estos datos. Su tesis inalterable es que la crisis mundial del capitalismo se inició en 1970s, y continúa como tal al cabo de tres décadas y media. Claro que para esto no hacía falta buscar ninguna evidencia empírica sobre las crisis. Es que lo que se quiere demostrar siempre se va a demostrar en tanto la definición garantiza el resultado, cualquiera sean los datos empíricos que se presenten. Es el método que desde hace muchos años inventaron los trotskistas para “demostrar” que las fuerzas productivas están estancadas desde 1914 y que la crisis es crónica. Así, en los años sesenta, y con una “definición” de crisis casi idéntica a la de Sartelli, el Comité Internacional de la Cuarta (esto es, el sector de Lambert) planteaba que “la crisis abierta en los treinta” no se había cerrado. Salvando las distancias, de la misma manera Nahuel Moreno “demostraba” que en Argentina, en 1982, se había producido una revolución: primero definía la noción de revolución como le gustaba, y luego demostraba, naturalmente, que había habido una revolución. En general, es el método que cualquier grupo utiliza para moverse con códigos internos que le garantizan la posibilidad de seguir afirmando sus ideas, contra toda evidencia que se le presente. Incluso desde este punto de vista se podría revisar si la caracterización clásica del marxismo del período 1890-1914, como de desarrollo de las fuerzas productivas, es equivocada, y si es cierto, como sostienen Dumenil y Levy, que se trató de un período de “crisis estructural” (concepción con la que no acuerdo en lo personal). Pero en este caso habría que replantear la caracterización de ese período como una fase A Kondratiev. Y revisar la caracterización de este período como de una fase de “desarrollo del capitalismo”, caracterización en la que estuvieron de acuerdo Lenin, Trotski, Rosa Luxemburgo y otros autores clásicos de principios de siglo. En este caso habría que reconocer también que ese período no fue cualitativamente distinto al actual desde el punto de vista de los datos objetivos del crecimiento del capitalismo. Que es lo que he planteado en mi libro: que en el último cuarto de siglo el capitalismo mundial tuvo un crecimiento similar, en muchos aspectos, al del período 1890-1914 (insisto, considerado fase A Kondratiev, o de expansión del capitalismo, por la mayoría de los marxistas). Obsérvese, además, que dado ese tipo de crecimiento, Trotski sostenía que un programa de transición era globalmente inaplicable para el período 1890-1914, y que se imponía la división entre programa máximo y mínimo. Situación que pienso es aplicable a la actual coyuntura del capitalismo mundial. En cualquier caso remarco que se trata de discusiones que deberían llevarse sin apelar a las descalificaciones. Porque sostener que alguien que afirme que el desarrollo del capitalismo de los últimos 25 años no es cualitativamente distinto, en índices de crecimiento, al desarrollo del capitalismo de 1890-1914, es un “apologista de la nueva economía”, cierra la posibilidad de desarrollar un debate en términos medianamente civilizados. Esto último me introduce entonces a la otra razón, y más fundamental, para no continuar el debate con RyR, y se refiere al contenido más profundo de la argumentación. Por empezar, Sartelli sostiene que la razón está del lado de los que suscitan más adhesiones entre los trabajadores con sus posiciones, y que si mis posiciones están aisladas, se debe a que están equivocadas, y a que me puse del lado de los "iluminados". Con lo cual sostiene, en esencia, que la discusión teórica no tiene sentido. Es que bastaría contar qué teoría o discurso obtiene más adeptos, para darle la razón. ¿Para qué discutir entonces? Si El Capital no tiene adeptos entre la clase trabajadora, será porque sus argumentos son falsos. Y cualquiera que quiera defender la teoría de Marx, según la lógica expuesta, debería explicar primero por qué la clase trabajadora no adoptó como propia la teoría de la plusvalía. De nuevo, ¿para qué discutir? Para colmo Sartelli dice que el grupo de iluminados al que pertenezco se caracteriza por "la inacción y la nulidad histórica". Pero no tengo ningún deseo de explicar a RyR cuál es mi actividad política, y menos discutir en qué grado soy una "nulidad histórica". Tampoco comprendo muy bien qué interés puede tener RyR en invitar a debates a "nulidades históricas". Por otra parte hay agresiones gratuitas. Por ejemplo, Sartelli afirma que "Astarita prefiere olvidar, en su crítica, las barbaridades que dijo sobre la renta de la tierra en Argentina...". Pues el hecho es que no mencioné el tema en la crítica porque no quiero mezclar todos los problemas. Pero escribí un pequeño trabajo ("La renta de la tierra y una tesis problemática") que está colgado en mi página de Internet, y cualquiera puede consultar. Sigo oponiéndome a la teoría de la renta diferencial de la tierra que están sosteniendo muchos en Argentina, y "no prefiero olvidar" la cuestión, como dice Sartelli. ¿Por qué dice entonces algo que no es cierto, y que ya no puedo desmentir, porque está publicado? Sinceramente, no tengo ningún deseo de seguir una discusión en un contexto este tipo. Por supuesto, jamás escribí ni dije esto, pero el hecho es que no veo el objeto de polemizar con alguien que me identifica con los intereses patronales, y que dice que me opongo a todas las luchas de los trabajadores. El que quiera conocer mi pensamiento sobre esto podrá consultar o solicitarme los trabajos al respecto. Pero no veo el objeto de seguir una polémica con gente que me considera pro patronal, y que inventa algo como que recomiendo "no luchar por ninguna mejora". Confieso que ni siquiera me interesa convencer de algo a quienes sacan la conclusión que soy un contrarrevolucionario leyendo un artículo como el de Marina Kabat. Aclaro, además, que ésta es la actitud que tomo siempre que se llega a este tipo de argumentos. Por ejemplo, un dirigente del partido Obrero escribió que soy un "cruzado contra el socialismo". Lo que equivale a decir que soy un nazi, esto es, alguien juramentado a luchar contra el socialismo. Desde hace tiempo circula este artículo, y nunca lo he respondido. Otro ejemplo: Hebe Bonafini, con el apoyo de algunos grupos de izquierda e intelectuales, sostuvo que yo era un "agente pagado por los radicales para destruir a la Universidad de las Madres". Tampoco he respondido a esta acusación. De la misma manera, a partir de que Marina Kabat dice que sistemáticamente me opongo a las huelgas, y que recomiendo no luchar porque asumo los argumentos de la patronal, ya no respondo. Hay niveles de discusión en los que no entro. Sobre esto quisiera señalar que mis posiciones sobre los ciclos Kondratiev, sobre el intercambio desigual, sobre la globalización, o mi crítica al uso indiscriminado de consignas de “transición al socialismo” las he discutido con gente diversa (del exterior o del país) sin que se cruzaran acusaciones del tipo de “apologista de la nueva economía”, “enemigo de las huelgas y las luchas”, y cosas por el estilo. Se discrepa en apreciaciones, en teorías y explicaciones, pero la discusión se mantiene un nivel de diálogo civilizado, en el cual ambas partes se reconocen como discrepantes, pero en un marco común de lucha por el socialismo. En cambio, cuando se llega a los niveles de agresión que exhibe RyR, no hay manera de continuar un debate. Lo mejor es cada cual siga su camino. Atentamente, Rolando Astarita |