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Respuesta al mail de Jorge schvarzer:
A través de una serie de señalamientos puntuales, Schvarzer acusó a mi libro (Del taller a la fábrica…) de falta de evidencia empírica, de realizar una serie de afirmaciones que no se sostenían. Por ello, elaboré una respuesta por escrito, donde aclaro punto por punto las páginas y citas donde figura aquella información que Schvarzer creía faltante. Schvarzer me responde ahora sólo con agravios (me acusa de desequilibrio psicológico) y de toda mi lista de aclaraciones empíricas sólo contesta dos, concediendo de hecho el resto. Más allá de la discusión teórica e historiográfica detrás del debate, se trata de puntos muy simples: básicamente si en mi obra figura o no cierta información fáctica. Schvarzer concede al no responder, aunque pretenda ocultar su silencio con la excusa de no querer discutir con dogmáticos.
Sin embargo, trata de contestarme en dos puntos, cito su mail: “yo dije que no había un estudio sobre la casa Schuster que podía ser interesante porque no quise, por prudencia, señalar que todo lo que dice la autora está tomado de un folleto de 1919. Es una fuente "primaria", sin duda, pero solitaria e insuficiente.”
Nuevamente, Schvarzer vuelve a caer en acusaciones falaces, vuelve a demostrar que no ha leído mi libro o que deliberadamente miente acerca del mismo: la fuente a la cual él hace referencia no es de ninguna manera la única que yo empleo. Por una parte ese “folleto” aislado al que hace referencia es uno de más de 300 ejemplares de la Revista La industria Argentina del Calzado que revisé para mi obra, donde figuran en forma recurrente referencias y publicidades de la firma Schuster. Pero, la fuente principal que utilizo para analizar esta firma nacional dedicada a la fabricación de maquinaria para la industria del calzado es un libro publicado en 1950 por la misma casa Schuster donde se relata su historia (Casa Enrique Schuster S. A. I.C.: Un esfuerzo industrial argentino, Bs. Aires, Talleres Gráficos Alvarez Hnos. y Cía, 1950). Pueden encontrarse referencias a esta fuente en las páginas 110 (citas 12 y 13) y 122 (cita 37). Espero que Schvarzer no equipare mi respuesta a una nueva “denuncia de la inquisición” ni crea que lo someto a una reedición de “los juicios de Moscú”. Pero ante sus reiteradas falsas acusaciones contra mi obra no encuentro otra alternativa que recurrir a hechos objetivos y nombrar las páginas, citas y fuentes que muestran la solvencia de mi trabajo y las mentiras de Schvarzer.
En segundo lugar, Schvarzer insiste con que considera dudosa una crisis prolongada entre 1921 y 1934 y señala que no encuentra ninguna cita que justifique aquello. Ya le he señalado que fundamento esta apreciación la Tesis Doctoral en Economía de Fernández Miguel de 1947 sobre la industria argentina del calzado quien sostiene la existencia de una sobreproducción en la rama desde fines de la Primera Guerra Mundial hasta el momento que se intensifican las exportaciones, alrededor de 1945/6. El trabajo de Fernández documenta el estado del mercado, el nivel de la producción, etc., y concluye que hay una tendencia a la superproducción. La referencia puede encontrase en la pág. 150, cita 3. Como indiqué otras fuentes como las publicaciones de distintas entidades corporativas brindan elementos para el estudio de la crisis, la cual deliberadamente no examino en profundidad como indico en la página 153 cita 8 y en la página 151 cita 4.
Ahora Schvarzer aclara que había aceptado comentar mi libro a pesar de las críticas que allí yo formulara a su trabajo. Donde señalaba la debilidad de los elementos empíricos nuevos que él presentaba en su obra La industria que supimos conseguir y criticaba el uso recurrente de una fuente de segunda mano: un informe sobre la industria del calzado argentina realizado por expertos norteamericanos del que se tomaba sólo un párrafo mutilado por el historiador Wythe.
Si Schvarzer no acordaba con mis críticas debiera haberlas discutido abiertamente, en vez de enumerar una serie de falsos errores en mi obra. Por mi parte sostengo todo lo que he afirmado en mi libro y que él mismo ha reconocido en la presentación al aceptar que casi no se conoce nada sobre la industria previa a 1930 ni sobre el desarrollo industrial por ramas. He cuestionado el uso de fuentes de segunda mano pues me parece sintomático del escaso avance de los estudios industriales en las últimas décadas. Realmente me resulta llamativo que Schvarzer haga referencia en tres obras distintas a la evolución de la industria del calzado en base a una fuente de la cual sólo conocía medio párrafo. Más cuando esa fuente se encontraba siempre al alcance de su mano en la misma Facultad donde él trabaja. También indiqué que la cita parcial de ese medio párrafo presenta una visión errónea de la industria del calzado hacia 1919: si se lee sólo la primera mitad que reproduce Schvarzer se entiende que la rama favorecía el desarrollo de pequeños empresarios. Sin embargo, la siguiente mitad alude a la quiebra de esos pequeños empresarios y muestra el desarrollo de una crisis por sobreproducción. (Ver pp. 154 y 155 de Del taller…).
Schvarzer plantea que en el día de la presentación del libro ante sus comentarios yo respondí “barbaridades” que ahora pretendo ocultar. Mi respuesta escrita se basa en la que en aquel momento brindé en forma oral, a la que he agregado las referencias de páginas, citas y fuentes correspondientes. En ese momento, ante cuestionamientos a las cifras de un cuadro, con honestidad intelectual respondí que consideraba que no había un error, pero que debería revisarlas. Una vez hecho ese trabajo, al responder por escrito muestro los datos que corroboran que no había error en mis cifras. En resumen, el día de la presentación respondí correctamente a los planteos de Schvarzer y sólo he debido agregar después datos probatorios. Esto a pesar de encontrarme frente a una situación bastante violenta: tener que responderle a quien, en base a una larga serie de falsas acusaciones que no ha podido defender después, equiparaba mi obra, producto de siete años de investigación a “un borrador de trabajo”, una simple ponencia.
Para que no queden dudas, una vez cumplidas otras tareas urgentes que debo realizar, procederé a
desgrabar mi respuesta que podrá leerse en la página web de Razón y Revolución a más tardar a partir del 2 de noviembre*.
Schvarzer parece no darse cuenta que agredirme a mí o a mi grupo no le dará la razón. Nos llama sectarios, cuando Razón y Revolución dialoga y discute con todas las corrientes, mientras que el grupo que él encabeza se ha confinado en su territorio. Participan de las mesas y simposios que ellos mismos organizan, donde se comentan entre sí sus propias ponencias. Conforman así una comunidad cerrada protegida de críticas externas. No es extraño, entonces, que ante la aparición de un grupo que investiga la industria desde una óptica distinta, con hipótesis diferentes y que emplea fuentes que ellos no trabajaban, respondan de manera semejante.
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* Desgrabación de intervención de Marina Kabat en la presentación de "Del taller a la fábrica" |
Tras la presentación de mi libro “Del taller a la fábrica…” el 20 de octubre en las Jornadas de Historia Económica de Mar del Plata escribí una crítica detallada a los comentarios que ese día me formulara Jorge Schvarzer. Ante su acusación de que yo “ocultaba” las “barbaridades” que le habría respondido aquel día, hacemos pública la desgrabación de mi respuesta del viernes 20. Hacemos esto para que no parezca que escondemos nada y para mostrar que en esencia se presentaron los mismos argumentos. También buscamos mostrar que el tono de intervención fue correcto y respetuoso.
Sin embargo, consideramos que en un debate de estas características lo importante es la respuesta escrita. Schvarzer realizó una serie muy amplia de críticas cuya refutación exigía más detenimiento que el disponible en el debate público. Además, el eje de su crítica era la ausencia de información fáctica en mi libro. Las referencias exactas a esa información que se creía faltante (con indicación de páginas, citas y contenido preciso) demandan un trabajo previo sólo posible para la repuesta escrita. Quizás por ello, la repuesta pública contiene algunas imprecisiones al respecto. Finalmente, en la respuesta escrita avanzamos en el debate de fondo, ya que pudimos ordenar mejor los puntos en discusión a partir de los núcleos problemáticos. En cambio, en la respuesta oral, en gran medida se responden los puntos en el mismo orden en que Schvarzer los había formulado.
Desgrabación de mi respuesta a Jorge Schvarzer
Marina Kabat - "Por un lado, agradezco por supuesto el trabajo de la lectura y los comentarios. Debo disentir en un punto fuerte: no es una ponencia, es un libro. El punto que reconoce, sobre el cual no me hace ningún cuestionamiento el ingeniero, sobre el cual reconoce que hay solvencia y detalle es el núcleo duro del libro. Entonces, este libro tenía como principal objetivo describir los cambios en el proceso de trabajo en la industria del calzado de 1870 a 1940. Creo que cumple ese objetivo. En ese sentido, no sé si el ingeniero o alguien más de los que hayan ya leído el libro puedan hacer alguna objeción. Pero yo no tengo ninguna duda de la solvencia del trabajo en sus objetivos, en una tarea que nadie había encarado hasta ahora, ni para esta industria, ni para ninguna otra. Salvo quizás el agro que fue realizada sistemáticamente desde nuestro mismo equipo de investigación.
En algunos aspectos de la crítica yo diría que hay una crítica rápida. En la primera crítica al menos estoy segura de ello. En la crítica que hace a que no tomo las relaciones sociales, que no estudio los trabajadores, que estudio sólo la descripción mecánica. Y entonces no estudio a los trabajadores porque no hago series salariales al estilo de las de Cortes Conde. Series que han llevado a una discusión sobre la pertinencia de esas series para explicar las condiciones de vida de los trabajadores.
El ingeniero me ha cuestionado en mis propios términos: el marxismo estudia las relaciones sociales. Sí el marxismo estudia las relaciones sociales. El marxismo dice que existe la explotación. Y la explotación, el aumento de la explotación no se mide por un salario más alto o más bajo. El aumento central de la explotación se mide por la extracción de plusvalía relativa. Cuando yo estudio los cambios en los procesos de trabajo, cuando pienso en la clase obrera estoy pensando en los cambios en las formas de extracción de plusvalía. Un obrero con mayor salario que otro puede llegar a ser un obrero más explotado, depende las condiciones técnicas en que esos dos obreros realicen su trabajo. Por lo tanto, cuando yo describo los procesos de trabajo estoy pensando en eso, en las condiciones de extracción de la plusvalía.
Este es el aspecto central, es el corazón. Entonces cuando yo describo bien, como en principio parece reconocerme el ingeniero, el proceso de trabajo estoy describiendo bien cómo cambió la forma de explotar a los trabajadores de la rama del calzado. Y estos son relaciones sociales. Y atrás de la técnica hay relaciones sociales. Y en cada capítulo, para cada etapa -yo antes no me detuve en esto- hay un montón de relaciones sociales que varían y que yo muestro muy detalladamente cómo varían, a partir de esos cambios técnicos. Cambian las relaciones entre obreros con distintas calificaciones. Cambian las relaciones entre obreros varones y obreras mujeres, hasta el punto que se dan una serie de conflictos llamativos. Como que trabajadores manuales, cortadores manuales, lo que quedaba de remanente, la última ciudadela del trabajador de oficio, que era el corte. Los cortadores manuales, en una huelga que encabezan trabajadoras de la industria del calzado, se ponen del lado de la policía, por ejemplo. Y actúan, lo dice el mismo periódico sindical escrito por varones, en forma ruin contra trabajadoras. Éstas son relaciones sociales y estas relaciones sociales yo logro describirlas bien, a partir de describir bien la mecanización.
No sólo a partir de describir bien la mecanización. A partir de describir bien la mecanización, solvente en este aspecto, y a partir de haber relevado otras fuentes que me permitieron ver estos conflictos relacionados. Todo la colección pertinente al período de El obrero del Calzado más el período pertinente de La Vanguardia, La Protesta, más La organización obrera. Entonces, hay en ese sentido un trabajo muy profundo que me ha permitido ver relaciones sociales. Si eso no son relaciones sociales. Si la plusvalía no es una relación social, yo no sé que decir… si la relación entre trabajadores y trabajadoras no es una relación social…
Y acá en este punto el libro hace un aporte interesante porque los estudios de género pensados desde un ángulo muy academicista, desvinculados de la historia de clase. Todos los estudios de género que han desdeñado la vinculación entre clase y género han tendido a caer en una abstracción, a problemas que no tienen mucho que ver con la realidad y, entonces, no logran llevar esas discusiones al conjunto de la sociedad. Yo creo que acá hago un aporte porque desde el estudio de los procesos de trabajo uno puede entrar a un estudio de la relación clase-género a partir de una base empírica y relevar temas muy importantes como los distintos fraccionamientos que en distintos momentos tenían los trabajadores. O poder discutir sobre esta base qué ocurría con la situación de la mujer. Por el hecho de no haber alcanzado la igualdad salarial -que es lo que dice por ejemplo Mirta Lobato que se ocupa de los salarios y centra bastante el eje en los salarios-, porque no alcanza la igualdad salarial, prácticamente asume que la situación de la mujer es más o menos la misma a lo largo de todo el período que estudia.
Esto aparece como una tesis implícita en su libro que, como es implícita, no busca probar. Entonces para ella en momentos de alza de la lucha de clases o en momentos de reflujo de la lucha de clases, la situación de la mujer es igual. ¿Por qué? Porque no se equipararon los salarios. El resto de las cosas no importan. Yo logré mostrar cómo hay diferencias profundas que cuando la mujer entra en la fábrica y entra a puestos considerados varoniles como el empleo de ciertas maquinarias que estaba asociado al trabajador varón, cuando la mujer entra a esos lugares recibe no sólo menos salarios, sino que trabaja más tiempo. Eso es algo de la jornada. A mi realmente no me interesaba hacer una serie sobre cómo evolucionaba la jornada, hacer una serie sobre cómo evolucionaban los salarios. No creo que hacerlo a nivel de la industria del calzado hubiera aportado mucho. En cambio, estos elementos sí creo que me aportan: desde mi ángulo como marxista, como feminista a mi me sirve para discutir con Mirta Lobato quien dice que las mujeres están siempre igual y que la lucha de clases parece no ayudarla. Yo digo lo contrario a partir de mi investigación. Y creo que en este punto, también en este punto lo que afirmo es solvente. Entonces, sobre este punto de las relaciones sociales, creo que la crítica era muy superficial, muy apurada. Muy apurada por desdeñar este libro que se lo tacha de ponencia.
Sobre lo primero, de que nombro un fábrica que digo que es importante y no aparece en la tabla. Yo aclaro que la tabla es una encuesta. Una encuesta que hace la UIA que aparece en su Boletín y que es incompleta. Yo comparo unos datos con otros de la tabla, pero no representan el universo de la industria. No está la fábrica Martí, no está la fábrica nacional de Calzado. Entonces, que no esté en esa tabla no dice nada.
Voy a un par de nudos sobre las otras críticas. Es cierto que debe haber un montón de aspectos que están planteados y quedan ahí, y no se desarrollan más, no se profundiza. Yo describo la evolución de la firma Schuster hasta el período que llego, hasta 1940. Hoy estoy investigando la firma Schuster desde el ‘40 en adelante. No voy a contar en un libro dedicado a la industria hasta 1940 qué pasa con la firma Schuster bajo el peronismo, donde hay muchos cambios; o cómo llega hoy a ser una importadora; qué pasa, cómo se cierra la fábrica de Casanova. Básicamente. Eso ocurre después yo no quiero contar en un libro que llega hasta 1940, lo que ocurre más adelante. Lo que ocurre entre 1940 y 1960 lo estoy investigando en mi Tesis de Doctorado.
Cuando hablo de una crisis que se mantiene, y quizás debiera haber explicitado más cómo estoy concibiendo a la crisis entre el 20 y el 30 para hablar unificadamente y para haber interpolado alguna cita. Hay un proceso donde la industria llega a un techo tiene un problema de sobreproducción y no logra solucionarlo y mantiene un permanente estado de ebullición, y de centralización de capitales y de competencia muy exacerbada, con quiebras. Entonces, yo diagnostico que la crisis en el 20 es porque se ha llegado al techo de lo que daba el mercado, y hasta que este problema no se resuelve están permanentemente en una situación de competencia exacerbada. De todas formas, hay información, hay citas de algunos de los indicios de esta crisis. Hay citas donde hablo de cómo las editoriales desde el 20 hasta la década del 30 mes por mes todas las revistas de la Cámara, refieren a esta crisis y al problema de las exportaciones. En general tengo varias llamadas al pie donde digo el problema de la crisis y la dificultad de las exportaciones es citada en numerosos artículos de la publicación de la Cámara y en general cito 6-7 artículos de distintos años, distintos meses. Quizás en un momento cité algo del 34. Pero sobre el problema de que no se logra exportar y que eso hace que continúe la crisis debe haber muchas citas en el libro.
Sobre la especialización y el mercado y porqué no se exporta. Bien… Yo no caracterizo a la industria como oligopólica, es una industria que tiene cierto grado de concentración, pero no es total. Digo que las 5 firmas más importantes en 1919 alcanzan el 18 % de la producción total. Es claro que hacia 1920 esas firmas no están controlando el mercado y que hay ciertos problemas del mercado chico que determinan las características de la industria. Un caso donde yo pongo un ejemplo de cómo el mercado determina la ausencia de especialización es que empresas que inicialmente buscan especializarse. , Cito la empresa: Perreta Hermanos una de esas cinco empresas más importantes del país. Busca especializarse, nace con la idea de que iba a ser la mejor fábrica especializándose, especializándose en calzado infantil, a los 10-15 años tiene que empezar a hacer otros renglones. ¿Por qué? Porque al poco tiempo había copado todo el mercado de calzado infantil y trata de exportar a países limítrofes. Cuando no logra avanzar más allá en la exportación, empieza a incorporar otros rubros. Entonces, la empresa que el empresario buscó especializarse termina cambiando a partir de las limitaciones del mercado y las limitaciones en su inserción en el mercado mundial. Hay otros elementos que nos hacen pensar que el mercado, a partir de las características de la dinámica de comercialización, imponía restricciones a las fábricas. Los pedidos son muy chicos. Pareciera haber una baja concentración en el comercio que impide grandes órdenes. Entonces hay pequeñas órdenes, si se quiere competir en el mercado hay que responder a esa pequeñas órdenes. Esto, a su vez, los fabricantes lo ven como una de las armas que tienen para responder y para ganarle a la competencia extranjera. Ellos pueden cubrir pequeñas órdenes que el producto importado no. Entonces buscan eso. Buscan cambios rápidos de la moda que el producto importado no puede, y de esa manera ganar el comercio.
Ahora una prueba muy fuerte de que el mercado comercializador le estaba imponiendo límites a las fábricas es el salto que hacen las fábricas grandes como Grimoldi a buscar una comercialización propia. Si quieren escapar de los límites del mercado, se vieron forzados a establecer comercios propios. Yo creo que la decisión estaba porque el comercio estaba muy poco concentrado y de la manera en que se estaba manejando le implicaba restricciones. Más tarde una empresa como Grimoldi decide comercializar ella sus propios productos para sortear las limitaciones. Pero si alguien decide tomar una decisión así para sortear esas limitaciones es que esa limitación existía.
Jorge Schvarzer - Esto no está en libro
Marina Kabat - No está en el libro, pero ante el argumento me veo en la necesidad…
Jorge Schvarzer - No, no está bien, yo leí el libro, pero no escuché lo que vos decís.
Marina Kabat - No, obvio, pero leyó el libro y hace una serie de especulaciones sobre lo que podría haber sido posible en la industria a partir de lo que usted leyó. Por ejemplo, dice, se podría haber exportado porque acá producimos cuero, hay cueros baratos.
Esto no es así. Esto no es tan sencillo. Y esto tiene que ver con que, como no se conocía la industria del calzado, no se conoce la industria de curtiembres. La industria de curtiembre surge como un eslabonamiento de la industria del calzado. Lo primero que se produce es suela para el calzado. Pero en 1910, no se produce el cuero de capellada, el corte del calzado.Esto de se debe importar. Hacia la Primera Guerra Mundial las curtimbres empiezan a producir cuero de capelladas, cuero para el calzado. Recién ahí. Y, sin embargo, la calidad es menor y no producen todas las variedades que se producen en otros países. Si usted me pregunta por qué la industria de la curtiembre no puede desarrollarse teniendo cueros. Bueno, ahí entramos en otra serie de problemas. Eso tiene que ver con que no tiene todos los insumos. Porque tener las vacas no quiere decir tener los productos químicos. Tenemos tanino, pero para hacer un buen cuero. ¿Por qué se hacía suela y no capellada? Porque la suela se podía hacer prácticamente solo con el tanino. Para hacer capelladas necesito otros productos que se importan, que son caros y que no siempre había disponibilidad.
Hay otro problema con la competencia por la compra de cueros. Los mejores cueros locales se exportan. Los mejores cueros locales son los que se desuellan en los frigoríficos, éstos se exportan. La principal queja tanto de la industria del calzado como de la curtiembre, que hacen una presión fuerte para evitar que se exporten los cueros de los frigoríficos, como para tratar de mejorar los cueros de las estancias, los únicos cueros que les llegaban, los cueros llamados de campo que eran de mala calidad, al igual que los cueros de campo de Estados Unidos. No era tan sencillo, no teníamos todos los insumos, tan fácil, tan al alcance de la mano.
De todas formas los industriales van a tratar. No es que el problema de las exportaciones no estaba y se tildaron y no hicieron nada. Tratan de tomar medidas para favorecer la industria del curtido para tener insumos. Más adelante en el 45/46,-esto aclaro no está en el libro, lo estoy investigando ahora-, pero si nos ponemos a pensar porqué no se exportaba. Bueno, resuelto un poco el problema del cuero, en un contexto mundial más favorable (porque en la década del veinte y del treinta se cierran los países a la importación), en un contexto internacional más favorable en el 45-46 se logra exportar calzado. Se logra exportar calzado incluso a Estados Unidos. Eso no fue fácil. Requirió investigaciones en Estados Unidos y luego una adaptación por completo de las plantas industriales. ¿Por qué? Porque la horma de Estados unidos es completamente distinta a la que se usaba acá. Es larga y delgada, mientras que acá se usaba la horma europea ancha y cortita. Esto implica que hay que cambiar todas las matrices, todos los modelos, todas las hormas, una inversión gigantesca. Que primero los industriales intentan imponer los modelos locales en Estados Unidos. Tratan de hacer gestiones y dicen bueno, en última instancia cambiamos las hormas si hace falta. Finalmente terminan cambiando las hormas. Logran ingresar, si bien embrionariamente, con bastantes buenos auspicios, al mercado norteamericano. En el 45-46 hay cifras de exportación. Pero luego cuando cambia la política económica en el 46 esa experiencia queda trunca. Entonces, no era tan sencillo exportar.
Público - ¿Deja de exportar en el 46?
Marina Kabat - En el 46 se deja de exportar. Con el cambio en el tipo de cambio y en la política laboral peronista. Entonces, no era tan sencillo exportar y el mercado implica una limitación. No podían exportar y no digo una sola cita de un solo año. La crisis relacionada a la saturación del mercado y a la imposibilidad de exportar tiene que haber refrencias en notas al pie donde cito la revista de la Cámara. Y realmente si uno revisa las editoriales de toda esa década, sobra la información al respecto.
Después hay un cuestionamiento muy fuerte sobre la capacidad de la producción local. Uno, por las dudas, la mitad del país no usaba alpargatas. Hay un mercado importante para la industria del calzado. Hay un mercado, esto yo lo digo incluso para 1890. Mientras México se quejaba que la mitad del país no usaba calzado. México sí tiene ese problema, la Argentina en 1890 los sectores populares usaban calzado. También usaban alpargatas, pero hay calzado, parte de este calzado es calzado barato que compite en parte con las alpargatas.
Hay una producción muy grande. Quizás tengo que revisar los números y comparar con la población. Ante el cuestionamiento sobre datos, uno tiene que sentarse a mirar las cifras. Lo más probable es que haya una disparidad en torno a una cifra vinculada a la diferencia entre la capacidad instalada y la producción real. Eso es posible. Pero insisto, estoy hablando de fábricas que en 1919 producían diariamente 2000 pares de calzado. ¿Y qué me encuentro yo? Que en el ’50 producen la misma cantidad porque encuentran un tope, no pueden expandirse más. Pero en el ’20, en el ’30, la capacidad está desarrollada a su máximo y luego llegó a su techo y se frenó. Puede haber un cero más un cero menos: no lo creo. Sí puede haber en algún punto diferencia sobre capacidad instalada y producción real. Las cifras que tomé eran de producción real, puede haber un error en ese sentido. Puede haber una inflación de los datos por parte de la misma Cámara. Pero realmente esto es algo así.
Acá se me acusa de que estoy tomando sólo empresarios dinámicos. Bueno yo no tomé de entrada empresarios dinámicos. Fui a la industria del calzado, que otros estudios industriales la pasan a veces como una industria artesanal y encuentro que no es artesanal y que los industriales son muy dinámicos. En todo caso, es problema de quienes piensan lo contrario de la burguesía argentina en su conjunto explicar la excepción. Y a medida que avancen los libros que nosotros publiquemos tendrán más o menos excepciones que explicar. Yo describo la industria del calzado. Si es una excepción o no es una excepción se verá luego. En otras industrias encontramos cosas similares…"
Como queda claro en la oración siguiente, no se plantea aquí que los salarios o la jornada no influyan en la determinación de la plusvalía, sino que éstos no son el elemento principal. Este elemento principal está dado por las condiciones técnicas de producción que hacen a la plusvalía relativa. Las obras marxistas que estudian los cambios en los procesos de trabajo, centran por ello su mirada en los cambios técnicos de la producción y dan un tratamiento sólo marginal al problema de los salarios y las jornadas. Un ejemplo de esto es El desarrollo industrial de Polonia de Rosa de Luxemburgo.
Estos artículos se citan sólo en forma genérica. En cambio, sí trascribo una cita textual de un economista que en 1947 en su Tesis Doctoral sobre la industria del calzado concluye tras un detenido estudio, que la misma atravesó una prolongada crisis entre 1919/20 y 1945.
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