Lunes, Octubre 20, 2014
   
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Waldo Ansaldi y Eduardo Sartelli en la presentación del libro Patrones en la ruta

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Estructura agraria y conflictos entre campo y gobierno en la Argentina

Se presentó el libro

Patrones en la ruta

El conflicto agrario y los enfrentamientos en el seno de la burguesía, marzo-julio de 2008

Con la participación de Eduardo Sartelli y Waldo Ansaldi

 


En el marco de las XII Jornadas Interescuelas y/o Departamentos de Historia que se desarrollaron en San Carlos de Bariloche, del 28 al 31 de octubre de 2009, se llevó a cabo la presentación del libro Patrones en la ruta escrito por un equipo de investigadores dirigidos por Eduardo Sartelli. Ante un aula colmada con más de 100 asistentes, el día 29 de octubre en el Centro Regional de la Universidad del Comahue, estudiantes, docentes e  investigadores de diferentes universidades de todo el país, participaron de un acalorado debate sobre las características de la estructura agraria argentina, sus consecuencias para el desarrollo del país y las implicancias del conflicto entre campo y gobierno que se inició el año pasado. Quiénes fueron los protagonistas del conflicto, qué papel jugó la clase obrera, cuáles fueron los errores o aciertos de las distintas fuerzas políticas en su intervenciones y posicionamiento, qué intereses perseguía el estado, fueron los principales ejes del debate. También se reflexionó en torno al papel de las nuevas tecnologías en la producción agrícola, los efectos de la extensión del cultivo de soja y el uso de técnicas más eficientes de producción. El comentarista invitado a la charla, el profesor Waldo Ansaldi, quien tiene una larga trayectoria en estudios agrarios en la Argentina, realizó elogiosos comentarios sobre el libro, destacando los principales ejes de análisis y estableciendo los puntos nodales de los argumentos para la discusión.



Audio de la charla


 

Resumen de la exposición de Waldo Ansaldi sobre el libro
 

Waldo Ansaldi:
Como decía Eduardo, nos une una larga relación personal, que empezó con una relación de orden académico  y que fue mucho más allá de eso en un marco de mucho afecto y aprecio  no solo personal sino intelectual, independientemente de acuerdos y desacuerdos. Hace veintiún años iniciamos la primera exploración sistemática sobre los conflictos de los obreros rurales en la región pampeana. De hecho aquel proyecto de 1988-89 comprendía también los conflictos de los chacareros y de los contratistas de maquinaria agrícola pero  nos interesó profundizar sobre los conflictos obreros porque eran muchos más en cantidad y en intensidad de lo que se suponía hasta ese momento, donde el conflicto obrero rural parecía estar restringido solamente a  los más clásicos de la Patagonia en 1921-22. El descubrimiento de una coyuntura de conflictividad obrera rural en 1917-1922 cambió el panorama para comprender en su singularidad esta complejidad del campo pampeano. (…)

Yo creo que este es un gran libro. Y lo es desde varios puntos de vista. Es por un lado, un excelente ejemplo de lo que se puede hacer practicando lo que se llama “historia del tiempo presente” con el rigor que la historiografía le ha asignado tradicionalmente a los estudios del pasado. Entonces primera cuestión: la historia del tiempo presente no sólo es posible sino que se puede hacer con el mismo rigor que se hace la historia más convencional que se ocupaba sólo de hechos del pasado. En segundo lugar es también un libro de análisis de una coyuntura que no ha concluido pero que, con buen criterio, se definió cerrar en un momento que permitió hacer un corte. La tercera cuestión que me parece sobresaliente en el libro, digna de destacar es que muestra que, pese a mucha opinión en contrario y mucha devaluación de orden teórico-metodológico, demuestra la formidable potencialidad analítica del marxismo. Esto no es un dato menor en un contexto de pérdida de conceptos teóricos, pérdida de referencias a categorías analíticas que permiten analizar en su complejidad una sociedad como la Argentina.  El cuarto aspecto que quería señalar es que el libro, siendo un análisis de coyuntura, no deja de remitir a cuestiones del pasado. Es decir, es un análisis de coyuntura que se engarza y trata de explicar algunas de las características de la coyuntura haciendo una remisión de larga duración. Y esto es particularmente significativo en relación a las dos organizaciones agrarias más significativa: la Sociedad Rural y la Federación Agraria Argentina. El libro muestra cómo efectivamente, estas organizaciones han jugado un papel determinante a lo largo de su historia y que se confunde en buena medida con la historia de la Argentina moderna y contemporánea.

En esta tensión entre la coyuntura actual y esas remisiones al comportamiento de esas organizaciones en el pasado hay algunas cuestiones que me parecen significativas y que quiero señalar. En primer lugar, el libro es particularmente útil para quienes no han seguido con detalle el volumen y la magnitud alcanzada por las trasformaciones en el campo argentino  en los últimos años. Y esto ayuda a entender varias cuestiones, entre otras, ésta a la que hacía mención Eduardo hace un rato, que tiene que ver con que no solamente la estructura productiva argentina se basa en al producción agraria sino que es producción es desempeñada por una minoría, por un grupo numéricamente menos significativo que otros sujetos sociales y la escasa dimensión numérica de la clase obrera rural no es un dato menor desde varios puntos de vista. Esto no alcanza para explicar el silencio de la organización obrera durante el conflicto, pero su escasa significación numérica no le quita importancia dentro de esto, y tiene que ver con algo que Eduardo conoce muy bien, porque fue de los primeros, sino el primero, en analizarlo con profundidad y con sólida evidencia empírica, es el alto grado de tecnificación que ha tenido y tiene el campo argentino. En ese sentido, la situación actual con esta incorporación fenomenal no sólo de innovación tecnológica sino también de innovación científica (con la incorporación de la informática por ejemplo a los cultivos agrícolas) sin duda ayuda a entender muchas de las características que el campo argentino tiene hoy y el volumen que adquirieron algunos grupos empresariales, como Grobo por ejemplo, figura paradigmática de esta innovación científico-tecnológica aplicada a un formidable aumento de la productividad y la producción en el sector rural. Esta historia de larga duración lo que hace es mostrar en su madurez, líneas tendenciales que se han venido desarrollando a lo largo de  por lo menos un siglo.
La otra cuestión importante de señalar es que Eduardo y su equipo ponen al conflicto en términos de una contraposición entre sectores o fracciones diferentes de una misma clase, que es la burguesía argentina. Y en ese análisis hay una cuestión que es importante para entender  la complejidad que tiene la lucha de clases y sobre todo la articulación entre clases sociales y poder del Estado. Porque es muy fácil decir “en una sociedad capitalista el estado es un estado burgués”, claro, chocolate por la noticia. Pero en este sentido, el estado no es necesariamente  un apéndice directo que excluya la posibilidad de situaciones potencialmente conflictivas (…) Es esta cuestión tan difícil de resolver que es la llamada “autonomía relativa del estado”.  Porque a veces el estado toma decisiones que en el corto plazo afecta intereses de la propia clase pero que en el mediano y en el largo lo afirman, lo aseguran. (…) De modo que no es una historia de linealidades, no está exenta de estos niveles de conflictividad, de los cuales el libro se hace buen eco en esta ida y vuelta entre la coyuntura presente y algunas situaciones clave del pasado.

El libro tiene además, otra cuestión particularmente importante, yo se lo adelantaba a Eduardo  cuando conversábamos antes de entrar a la sala. No se ha visto, en la literatura predominante para describir el conflicto, alguna referencia a cuál es la importancia que tienen algunas de las formas que ha adquirido la agricultura argentina reciente sobre todo a partir de los llamados pools de siembra, que en general han sido denostados, por diferentes razones. En el libro se plantea muy bien que esto en realidad lo que significa es un momento superior del desarrollo de las relaciones capitalistas aplicando a la producción agraria las últimas innovaciones científico-tecnológicas. Esto puede ser discutido, sin lugar a dudas, pero no deja de ser un elemento central en la argumentación de los autores. Sobre todo porque cuando uno lee esto, lo primero que llama la atención, es que recuerda a lo mejor del mejor Kautsky, el Kautsky de “La cuestión agraria”. Cuán importante era en una estrategia socialista facilitar el máximo grado de desarrollo de las relaciones capitalistas en el campo. En el libro se señala, además, el clásico libro de Engels analizando el programa agrario del Partido Socialista Francés y contraponiendo y comparando el papel de los campesinos en Alemania y Francia. Engels muestra ahí la complejidad que tiene la estructura agraria y que hay campesinos de diferente índole. Esto es menos relevante para entender Argentina pero es muy relevante para entender América Latina donde, por supuesto, el papel de los campesinos es mucho más importante que en Argentina donde es completamente secundario. (…)

Entonces creo que mirado desde este punto de vista, el libro resulta destacable por las varias cuestiones que he señalado que lo convierten en un texto absolutamente imprescindible para quien quiera analizar lo que está ocurriendo en el campo argentino hoy. Y esto ayuda a entender la magnitud de la conflictividad al interior de la propia burguesía, de una fracción de la burguesía con el gobierno y también las distintas posiciones de los partidos que se reclaman de izquierda frente al conflicto. Hay una cuidadosa, prolija y para nada sesgada interpretación y explicación de cuál es el papel y las proporciones que cada uno de los diferentes partidos tuvo frente a la situación conflictiva. Sin ninguna duda eso está muy ligado al debate político, pero creo que está muy bueno expuesto, con un nivel de honestidad intelectual que no suele ser frecuente cuando se trata de mostrar cuáles son, más que los acuerdos, cuáles son las diferencias que existen entre los distintos grupos que se reivindican como parte de la izquierda. (…)

La otra cosa importante es  la habilidad de esta fracción de la burguesía para apropiarse de métodos de lucha de aquellos a los cuales combate. En algunos casos, en el lenguaje, y en otros, en la acción. Pero, hay algo que ha generado no poca confusión y en donde el libro añade, por el contrario, mucha claridad. Una expresión que todos hemos escuchado en los medios de comunicación es que “se hizo un lock out”. El lock out es una vieja forma de lucha de la burguesía para dejar de producir. Pero como bien se señala en el libro, los grupos propietarios  salían, cortaban rutas e hicieron todo lo que hicieron, pero no dejaban de producir… claro, para eso están los peones. Un lock out hubiese implicado necesariamente el cese de toda actividad productiva. Y eso no ocurrió. (…)

El libro abre muchas líneas a seguir, muchos temas para debatir, hay cosas con las que se puede coincidir y cosas que no… yo le decía a Eduardo antes de entrar, que estaba muy claro la importancia de esta constatación del nivel de desarrollo alcanzado por el capitalismo a través de la concentración en grandes unidades productivas eficientes y con incorporación de tecnología. Pero tenemos un problema con un área que es marginal dentro de la estructura social pero que ninguna estrategia de transformación política puede olvidar, y es qué hacer con los campesinos. En Argentina hay pocos campesinos, pero los hay. Frente a ello no deja de ser pertinente la observación de Engels sobre los campesinos en Francia y en Prusia que señala que hay que terminar con esa forma de producción pero no vamos a ser los socialistas los que vamos a acelerar esa desaparición. Entonces, la estrategia pasaba por no favorecer una defensa de la pequeña propiedad campesina pero tampoco ser un elemento de aceleración de su destrucción. Porque se trataba de ganarlos para un proceso de transformación. Todo esto invita pensar, desde una perspectiva no cerrada, no dogmática, sino todo lo contrario el problema campesino en Latinoamérica, para avanzar en el mejor conocimiento de nuestras sociedades y sus niveles de conflictividad.

Cuando se han abandonado ciertos principios teóricos fundamentales, recuperarlos desde una perspectiva genuinamente  crítica es algo que nadie puede dejar de celebrar. Así que de mi parte, felicitaciones por el logro y muchos éxitos

Comentarios
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Sebastiàn  - los aprecio pero...   |2009-11-19 18:15:51
yo creo que el marxismo es muy bueno para analizar, pero màs allà de la
crìtica no ofrece nada, es lo mismo que hacer campaña criticando a la
oposiciòn, el socialismo es imposible, y el capitalismo es la forma de
destrucciòn de la humanidad que màs humana es, es la expresiòn màxima de lo
que considero es "ser humano" (un mono loco, egoista,
parasitario-virulento de la tierra y sus animales , con deseos irrefrenables de
consumo, destrucciòn y sexo-reproducciòn)
Juan   |2009-11-20 02:36:51
Jjajajjajjaaj. Sartelli se zarpa con sus frases. "No vamos a andar salvando
explotadores ineficientes!". La charla debería haber terminado apenas dijo
semejante frase.
Muy bueno, aunque quedó un poco relegado Ansaldi entre tanta
discusión con confundidos amantes del pequeño y mediano capital.
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