Domingo, Mayo 19, 2013
   
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México, del estancamiento a la crisis


Alejandro Valle Baeza
Profesor de Economía de la UNAM

La burguesía que gobernaba México, hace unos cincuenta, años usaba un lenguaje nacionalista de tintes anti-imperialistas.1 Hoy, apenas puede leerse algo que no sea el mayor acuerdo con el imperio estadounidense. Las burocracias gubernamental y empresarial defienden el libre comercio con mayor ahínco que los organismos internacionales. Por ejemplo, el presidente mexicano declaró en Chile: “Tenemos que volver a valorar la potencialidad del mercado. El peor error es la vuelta al proteccionismo en las naciones. Si algo sirve a América Latina son las economías abiertas”.2 La crisis económica está siendo vista de manera que se reafirme la fe en el mercado y el mayor entusiasmo por todas las políticas neoliberales. Un segundo ejemplo es lo declarado por el presidente ejecutivo de MoviStar: “…conviene dejar sentado desde un principio que esta crisis, como tantas otras de naturaleza financiera, no tiene que ver con el capitalismo, ni con la economía de mercado, ni requiere de un replanteamiento del modelo económico; la falta de comprensión de sus causas puede dar lugar a ‘soluciones’ que agraven el problema en lugar de contribuir a su solución”.3
¿Cómo conciliar el entusiasmo de la elite gobernante por el neoliberalismo con los pobres resultados que ha tenido la economía mexicana en el período donde ha sido hegemónico el neoliberalismo en México? 

Hitos de la economía mexicana entre 1950 y 1980

1. Como en muchos otros países, la economía mexicana tuvo una época de oro los primeros 25 años del período de la Posguerra. La acumulación fue acelerada, el PIB real creció al 6% anual, los salarios reales y el empleo urbano se elevaron notablemente en ese período. Prevaleció una política gubernamental de apoyo al mercando interno con protección mediante altos aranceles y permisos de importación. Hubo un gobierno del mismo partido que monopolizó el poder durante 74 años y controló a los trabajadores mediante la cooptación y la represión. 4
2. Cuando se manifestaron los primeros síntomas de agotamiento de la acumulación se inició la explotación de petróleo para la exportación en los años ‘70 utilizando el endeudamiento público externo. Desde los años ‘30 del siglo pasado, la explotación petrolera era exclusiva de la empresa estatal Petróleos Mexicanos (PEMEX).
3. En 1976 ocurrió una recesión directamente impulsada por la caída de los precios petroleros y poco después se produjo la crisis de la deuda externa de 1982. Ésta hizo peligrar la estabilidad financiera de los EE.UU. ante una enorme exposición de la banca comercial de ese país por sus préstamos al gobierno mexicano. Estas dos crisis tan próximas ocasionaron un estancamiento y para contrarrestarlo se impulsaron medidas económicas neoliberales, acordes al llamado Consenso de Washington: reducción de la participación gubernamental en la economía, apertura del comercio exterior y a la inversión extranjera y sobre todo reducción de los salarios reales. Para esto último contaron con el apoyo de la mayoría de las centrales sindicales que, durante los buenos años, se habían sumado al aparato de dominación. Los líderes sindicales obtenían prestaciones para las bases, jugosos puestos gubernamentales para ellos y entregaban a cambio complicidad y apoyo a las políticas estatales.
4. En 1986 México ingresó al GATT y en 1990 dio inicio el proceso para elaborar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que culminó con su puesta en marcha en 1994. El gobierno mexicano introdujo múltiples modificaciones a la legislación vigente para satisfacer las exigencias de su poderoso socio, los EE.UU.
Así, por ejemplo, se modificó la legislación sobre inversión extranjera eliminando todo requisito de desempeño tal como la creación de empleo. Se privatizaron numerosas empresas en las que el gobierno era propietario o socio, por ejemplo la telefónica Telmex. Ello buscaba reducir el déficit gubernamental y, al decir de la propaganda oficial, dedicar mayores fondos al gasto social. Se redujeron drásticamente las regulaciones del sector financiero.

Los noventa

Después de la liberalización económica muy acelerada sobrevino la crisis de 1994-95. La crisis mexicana iniciada a fines de 1994, que se extendió hasta 1995, resultó la más severa ocurrida desde la de los años ‘30, según lo afirmó el Banco de México, una institución para nada interesada en exagerar la caída de la economía. El detonador de la crisis fue la devaluación del peso mexicano. Hubo necesidad de un apoyo internacional de ¡51.637 millones de dólares!,5 aunque finalmente de ese paquete sólo se utilizaron 26.253 millones.6 Aun con la intervención estadounidense, y del FMI, la crisis mexicana tuvo evidentes efectos adversos en muchos otros países, lo que se denominó el efecto “tequila”. Esta crisis resultó excepcionalmente grave para México porque desarticuló el sistema crediticio. Llegaron a tener problemas de quiebra técnica la totalidad de los bancos mexicanos, ya que los pagos vencidos de sus deudores superaban sus reservas. Ello ocurrió porque numerosas empresas y personas no pudieron pagar las elevadas tasas de interés con las que se intentó detener la fuga de capitales. Los salarios reales perdieron, en el primer año del régimen zedillista, lo que habían recobrado durante los años buenos del salinismo.7 Una muestra de lo profundo de la crisis mexicana fue la caída de las ventas domésticas de la industria automotriz, entre 1994 y 1995 éstas cayeron ¡un 71,7%! Para apreciar la magnitud de la contracción de la demanda interna reflejada en estas cifras conviene examinar lo que ocurrió en EE.UU.: entre 1929 y 1932 las ventas de automóviles descendieron un 75,2%. No obstante la producción automotriz en México no tuvo esa espectacular caída porque las exportaciones apenas descendieron.
La crisis de 1994-95 concluyó rápidamente porque la economía de los países industrializados estaba en auge, principalmente la de EE.UU. No obstante, esa crisis destacó uno de los significados de la globalización. Con la firma del TLCAN, se protegía especialmente el sector financiero mexicano, ya que la competencia internacional se prohibía por varios años. La crisis borró esas barreras protectoras y convirtió a todos los bancos8 excepto a uno, en propiedad de grupos internacionales: los dos mayores grupos financieros, Banamex (en 2001) y Bancomer (2000-2004), pasaron a ser propiedad de Citigroup (estadounidense) y BBVA (español) respectivamente, años antes de que se abriera el país a la competencia financiera internacional.
Los ‘90 transcurrieron con un crecimiento mediocre que, junto a la brusca reestructuración de la economía mexicana, solucionó o redujo ciertos problemas, pero creó otros nuevos. El repentino desempleo y la falta de oportunidades dentro del país ocasionaron la emigración (en su mayor parte indocumentada) de cientos de miles por año, impulsaron la mayor incorporación de las mujeres al trabajo asalariado y la mayor participación política de sectores que habían sido controlados eficazmente hasta entonces, como los indígenas. La burguesía introdujo una variante en su esquema de dominación: el cambio de partido gobernante, en 2001, por otro más a la derecha, pero electo democráticamente. Vicente Fox, un ex-gerente de la embotelladora Coca Cola ocupó la presidencia y enfrentó recesión de 2001 como bienvenida. Durante seis años, Fox sólo mostró habilidad para imponer en la presidencia a uno de sus rivales partidarios mediante un fraude orquestado en acuerdo con el PRI. La economía se recuperó lentamente y ya se puede asegurar que los resultados de la primera década del siglo XXI son peores que los del decenio anterior. En efecto, muestran la misma medianía del proyecto neoliberal que sólo plantea más capitalismo como respuesta a cada problema: contra el desempleo, desregulación laboral; contra el estancamiento “cambios estructurales”, es decir, mayor apertura al capital, foráneo especialmente en sectores donde hay ganancias extraordinarias, como el petrolero o la generación de energía eléctrica. 
El pobre desempeño promedio de la economía mexicana de los últimos 28 años (Gráfico 1) puede ocultar que ciertas ramas y empresas han sido muy favorecidas con el modelo. En los ‘70, el mercado nacional era el límite de la acumulación para las ramas que orientaban el proceso. Al trabarse la acumulación, la burguesía olvidó sus sueños de autonomía y los cambió por jugosas posiciones en el mercado mundial. Hoy, varios grupos mexicanos son empresas transnacionales que ocupan sólidas parcelas, aunque no en las industrias que orientan la acumulación mundial. Tomemos un ejemplo. La televisión se inició con un personaje que, quizás como prestanombres o como real socio de las transnacionales automotrices, acumuló para apoderarse de un sector rentista.9 Hoy, los descendientes de quien fue socio de Chrysler en la época del desarrollo hacia adentro exportan telenovelas a todo el mundo y rivalizan con las cadenas estadounidenses por el mercado de hispanoparlantes en los EE.UU. Las transnacionales automotrices pasaron de ser los principales causantes del déficit manufacturero mexicano a exportadoras hacia su país de origen. 
La lista de grupos mexicanos beneficiados por la apertura no es muy grande, pero sí con un fuerte poderío local: Telmex (empresa privatizada durante el neoliberalismo), Cemex (cementera de nivel mundial), Grupo Bimbo (alimenticia), Minera México, etc. 
Otro de los sectores beneficiados grandemente por la política neoliberal ha sido el conjunto de transnacionales de origen extranjero, tanto las que producen para el mercado interno como para la exportación. Buena parte de la burguesía asentada en México es un contingente de funcionarios de empresas transnacionales cuyos ingresos crecen con las empresas a las que sirven. La burocracia política tiene ahora un nuevo frente de negocios. Como en los EE.UU., la élite política va a las empresas privadas o viene de ellas de manera ostensible. El carácter privado del servicio público es ahora muy evidente. La burguesía “nacional” lo es porque, ahora principalmente, obtiene sus ingresos de empresas transnacionales con sucursales en el país. Esto explica por qué la nueva burguesía mexicana es tan favorable a la globalización.
La globalización neoliberal trajo cambios drásticos para las clases dominadas. Uno de cada diez mexicanos aproximadamente reside hoy en el extranjero, principalmente como “ilegal” en EE.UU. Los envíos de dinero hacia México se han disparado: en el año 2000, las remesas fueron de 7.525 millones de dólares, para 2007 habían aumentado a 26.000 millones. Sólo la crisis de 2008, redujo a 25.145 millones de dólares los envíos. Una pléyade de nuevas organizaciones participa en la política y ha obligado a dos fraudes electorales en 1988 y en 2006, para impedirles ganar la presidencia del país. El movimiento zapatista ha innovado la política nacional y se mantiene vivo a 15 años de su aparición pública. Campesinos, obreros y profesionistas han encontrado espacios de lucha gremial y política cuyos impactos aún no se pueden medir. Recientemente, por ejemplo, diluyeron la apertura panista del sector petrolero al capital extranjero.
La nueva y compleja estructura creada por las luchas y por la globalización neoliberal se enfrenta ya a una nueva crisis de severidad inusitada. La crisis mexicana recibió su impulso inicial de la caída de las exportaciones manufactureras. Éstas representan cerca del 40% de las ventas totales de la industria manufacturera y casi el 80% de las exportaciones totales, véase en la gráfica la composición de las exportaciones manufactureras. 
Aunque considerando el año completo las exportaciones manufactureras crecieron 5,1%, cayeron 8% en el último trimestre de 2008 y se aceleró la caída a 26% durante enero de 2009. La economía creció en 2008 (1,3%) un poco por debajo de su mediocre desempeño histórico; según algunos analistas, decrecerá durante 2009 un 4% y se iniciará la recuperación hacia fines de este año. 
La propaganda gubernamental enfatiza que la crisis vino de fuera como si esta no fuera una parte esencial del capitalismo, y pronostica que será breve. Pero no debemos olvidar que se trata de propaganda, no de un pronóstico científico. 
Recurrentemente el capitalismo interrumpe su funcionamiento normal, pero esa normalidad lleva años de empeorar la situación de decenas de millones de mexicanos. En México, como en todo el mundo, grandes porciones de la población empeoran desde hace décadas a pesar de que la economía crece en promedio. Si las crisis relativamente benignas, ocurridas después de la de 1929, ayudaron a crear la ilusión de un capitalismo eterno, estancamientos como el mexicano, que desembocan en crisis graves como la actual, nos urgen a replantear la necesidad del socialismo. 

 

 

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1Esta posición se fue desarrollando prevaleciendo el interés de la fracción industrial por sobre la comercial. Ésta última, como se beneficiaba del tráfico de mercancías, era contraria a una política arancelaria proteccionista. Véase Puga, Cristina: “La controversia sobre el proteccionismo en México”, en XIV International Economic History Congress, Helsinki, Finland, 21 al 25 de agosto de 2006.
2El Universal, 21/11/08. 
3Gil Díaz, Francisco: “El pecado original de la crisis”, El Universal, 10/11/08. Gil Díaz fue secretario de Hacienda en el gobierno anterior y, anteriormente, alto funcionario del Banco Central. 
4Es el Partido Revolucionario Institucional (PRI), surgido de la Revolución Mexicana de 1910 y que, aún ahora, prácticamente cogobierna aliado a otro partido de derecha: el Partido Acción Nacional (PAN).
5Véase Lustig, Nora: “Los Estados Unidos al rescate: la asistencia financiera a México en 1982 y 1995”, Revista de la Cepal, nº 61, 1997, p. 54. Lustig desglosa los requerimientos potenciales de dólares de la siguiente manera: amortización deuda pública corto plazo 6.300 millones, amortización FMI 1.000 millones, amortización deuda pública largo plazo 6.000 millones, deuda a bancos de empresas no bancarias 6.100 millones y Tesobonos 29.000 millones de dólares. Todo esto suma un total de 50.500 millones de dólares. Es interesante que las previsiones gubernamentales incluyeran la totalidad de los tesobonos a pesar de que sólo 17 mil millones estaban en manos de extranjeros. Recordemos que los tesobonos eran bonos nominados en dólares pero pagaderos en pesos.
6Banco de México: Informe Anual 1995, México, 1996, p. 181.
7Carlos Salinas gobernó de 1989 a 1994 y Ernesto Zedillo de 1995-2001.
8Para esas fechas, la banca mexicana ya era “múltiple”. Es decir, una sola institución realizaba todos los los renglones del negocio como inversión, aseguramiento, ahorro, etc.
9La industria automotriz estuvo considerada estratégica y se exigía la propiedad mayoritaria de mexicanos. En esta rama, como en tantas otras, una forma de anular la disposición fue la incorporación de prestanombres. Es muy probable que lo haya sido un Azcárraga, ancestro de los actuales propietarios mayoritarios de Televisa, la mayor de las dos cadenas televisivas que controlan el 90% del mercado nacional.

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