Iván Moschner
Colaborador
En 1983, igual que en los últimos años, en las sedes gubernamentales (desde la Casa Rosada hasta las más pequeñas municipalidades), se hicieron sistemáticamente recitales de música, exposiciones de plástica y otras muestras artísticas, con el objetivo de reconstituir la autoridad del Estado perdida luego del recambio de régimen de dictadura a democracia. En efecto, mientras la burguesía pugnaba por imponer su “teoría de los dos demonios”, cuyo emblema nacional fue la película La historia oficial, en Córdoba se organizó un festival internacional de teatro. Hasta allí llegaron los artistas españoles de “La fura dels baus”. Para presenciar los espectáculos viajaron allí estudiantes de teatro de todo el país, entre ellos alumnos de la Escuela Nacional de Arte Dramático, algunos, integrantes de una agrupación estudiantil llamada “La organización negra” (todos vestían de negro). Estos noveles artistas se imbuyeron de métodos y formas de trabajo de “La fura…” y tomaron este modelo para desarrollar su producción hasta el día de hoy. Algo de eso se pudo ver en desfile del Bicentenario.
Cristian Morúa - TES
Recientemente estrenada, Paco… se centra en la historia de Francisco Blank (Tomás Fonzi), un físico cuántico, hijo de una senadora nacional (Ingrid Blank, personificada por Esther Goris), que se hace adicto a esa droga y empieza a conocer el mundo que la rodea. No es casual que el nombre de la película sea el mismo que el título de un estudio realizado por el ARI, en septiembre de 2006. En efecto, el director, Daniel Rafecas, sostuvo en entrevistas a los medios que utilizó un “excelente informe sobre el Paco presentado por Lilita Carrió”.(1) La película se estructura en dos relatos temporales que se entrecruzan. Uno de ellos muestra el momento del estallido de una cocina de cocaína en una villa porteña, donde el protagonista es detenido por la policía de manera inmediata; el otro detalla los acontecimientos que llevan a Francisco (apodado Paco) a la adicción y el hecho por el cual decide colocar una bomba en la cocina.
De visita en la Casa Rosada, y al no poder conversar con su madre quien se encuentra realizando entrevistas en pleno contexto electoral, Paco estrecha un vínculo afectivo con Nora (Charo Bogarín), una empleada de limpieza. Es ella quien lo lleva a su casa, ubicada en una villa porteña y frente a una cocina, y por quien conoce el paco. El suicidio es el desenlace de Nora luego de llegar a una situación degradante en la cual se prostituye para conseguir nuevas dosis. Francisco, por su parte, organiza su venganza y coloca una bomba en la cocina, conseguida a partir de su intercambio por ladrillos de cocaína en la ciudad de Johannesburgo (Sudáfrica). Por este motivo, es acusado en los medios de pertenecer a una guerra entre narcos y encarcelado. La senadora utiliza su poder político para sacarlo de la cárcel e internarlo en un centro de rehabilitación, a cargo de Nina y Juanjo (Norma Aleandro y Luis Luque). En el internado conviven adictos a diferentes drogas y se establecen reuniones grupales para hablar sobre las posibles causas que los llevaron a su consumo. Pasado un tiempo en el cual ya no son visibles las necesidades de consumo, los ahora ex adictos comienzan una nueva etapa, la ambulatoria, por la que se reinsertan en la sociedad. En ese contexto, Francisco decide declararse culpable de la explosión. Si bien la película plantea la vinculación de la policía y la política en las redes de narcotráfico, no lo desarrolla de manera sustancial. Su objetivo es mostrar el mundo del paco y el problema de las adicciones en un sentido más general, con el propósito de identificar a los responsables y presentar una solución.
Leer más: El mundo según Carrió. Reseña de la película Paco. La punta del Iceberg

El 4 de febrero se estrenó en los cines Andrés no quiere dormir la siesta, una película protagonizada por Conrado Valenzuela (Andrés) y Norma Aleandro (Olga). La historia transcurre en Santa Fe en 1977. Andrés, de ocho años, debe ir a vivir, junto a su hermano Armando (Lautaro Puccia Sagardoy), con su abuela Olga y su papá Raúl (Fabio Aste), a raíz de la muerte de su mamá, Nora (Celina Font). Frente a la casa de Olga funciona un centro clandestino de detención a la vista de todos. Durante el día los represores comparten los juegos en la vereda con los chicos y durante la noche todos los vecinos escuchan los gritos y ven cuando llegan los autos con los detenidos. Al día siguiente, los vecinos limpian la sangre de la vereda.