Más allá del rechazo a la evaluación – Martín Rodríguez y Romina De Luca

en El Aromo nº 92/Novedades

aprenderMás allá del rechazo a la evaluación. Sobre el Plan Aprender 2016 y la evaluación del sistema educativo

Hagamos una campaña única, denunciando no solo las pruebas sino todas las formas que asume la degradación. Debemos atacar las causas internas (educativas) desde un planteo global y las externas (del sistema social) en la lucha política de manera organizada.

Martín Rodríguez y Romina De Luca

GES-CEICS


A principios de este año, en la provincia de Jujuy, se produjo uno de los primeros encuentros del Consejo Federal de Educación en la era Macri. Precedida por el Ministro de Educación, Esteban Bullrich, la reunión concluyó con la redacción de la “Declaración de Purmamarca”. Este escrito dejó sentados los supuestos nuevos lineamientos de la política educativa del gobierno macrista. Para quienes parecen no comprender el alineamiento de la CTERA con Mauricio, deberían tomar nota de lo sucedido allí y de la voluntad de construir sobre lo construido, en palabras de Bullrich. La continuidad del Plan Fines, uno de los programas estrellas del kirchnerismo, lo grafica palpablemente. También se propuso sostener la inversión educativa en 6% del PBI, extender la obligatoriedad del nivel inicial a la sala de 3, revalidar para la escuela primaria el criterio de pasaje y continuidad de los estudios (aclaran que “con calidad”) y para secundaria “ingreso, permanencia y egreso”, así como la implementación de la jornada extendida, entre otros. Todos estos puntos ponen en cuestión la originalidad de la agenda actual. En palabras del Ministro de 2011: “Es un momento elevado de la civilización política, cuando las autoridades que llegan cambian lo que está mal y continúan lo mejor del gobierno anterior”. Bullrich viene insistiendo con un pomposo nombre para su agenda: vienen a realizar la “revolución educativa” y esta parece empezar por la evaluación.1 En efecto, el lanzamiento de la las Pruebas Aprender y la creación de la Secretaria de Evaluación Docente aparecieron como los puntos más salientes para el 2016. Veamos de qué se trata el nuevo operativo de evaluación, quién, cómo y para qué se lo impulsa y qué tenemos que hacer nosotros.

¿Evaluaciones para qué?

En nuestro país, las pruebas Aprender 2016 se implementarán el próximo 18 y 19 de octubre en diversas escuelas primarias y secundarias. Las pruebas examinarán a alumnos de tercero y sexto grado de la escuela primaria y de segundo y tercero del secundario en lengua y matemática y, a los de quinto y sexto año del secundario, se les agrega ciencias sociales y naturales. En principio, las pruebas se presentan como censales, es decir, a diferencia de las muestras donde se toma a un grupo representativo de estudiantes, las Aprender van a examinar a todos los alumnos del país. La Resolución Nº 280/16 del Consejo Federal de Educación aprobó la implementación del “Sistema de Evaluación Nacional de la Calidad y Equidad Educativa”.2 El artículo 4º dispuso que 2016 sería el primer año en el que el Operativo Nacional de Evaluación se realizaría en todas las escuelas del país, con suspensión de clases.

En efecto, hace más de veinte años que los alumnos argentinos son sometidos a distintas pruebas. En este punto Aprender 2016 no es una novedad. En 1993, el gobierno de Menem lanzó los Operativos Nacionales de Educación, también conocidas como pruebas ONE. Desde fines de los ’90, Argentina participa de los operativos internacionales PISA y TERCE. Aquel “instrumento menemista” continuó durante el kirchnerismo, si bien hubo algunos cambios metodológicos, se alteró la regularidad y la difusión de los resultados. Por ejemplo, a partir del 2010, los directivos tenían la posibilidad de conocer los resultados de “su” escuela, invisibles para el resto. Junto al lanzamiento Censal de las Aprender, Cambiemos impulsó la creación por Decreto N°552/16 y ,en medio del paro nacional del 4 de abril, la Secretaria de Evaluación Docente, espacio que viene a darle el tinte institucional a la Declaración de Purmamarca. Al frente de la Secretaría, se colocó a Elena Duro, quien desde el año 2000 hasta enero de 2016 se desempeñó en UNICEF para Argentina y Latinoamérica. Duro también fue Directora Provincial de Planeamiento Educativo en Provincia de Buenos Aires, entre 1986 y 1994, y consultora del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Costa Rica. La Secretaria de Evaluación Docente tiene su antecedente local más inmediato en el Instituto de Evaluación de Calidad y Equidad Educativa de la Ciudad de Buenos Aires, cuya idea se remonta al 2011 y fue aprobado en 2014.

Recordemos que ya en esa oportunidad, Bullrich inició su campaña por la evaluación. El Ministro sostuvo que calidad es un buen salario, buenos edificios y un buen diagnóstico. En relación a esto, consideraba que la evaluación debía ser integral y por eso los docentes, uno de los factores a ser examinados. Inicialmente, el proyecto contemplaba destinar entre un 5% y un 10% de plus salarial para los docentes, extra que se ligaría con los resultados que obtuvieran en sus evaluaciones. Se les ofrecería también un nuevo cargo en el escalafón: el de formador de formadores o maestro de maestros. Docentes que midieran bien en las pruebas y a quienes se les prometía que, plus salarial mediante, cobrarían como un vicedirector de escuela. Los rubros que se propusieron evaluar iban desde el conocimiento de la propia disciplina, las prácticas, la pedagogía y la “contención social”. Otro de los atributos originales del proyecto era comprometer al resultado de las pruebas, la estabilidad laboral: quienes no aprobasen, para mantener el cargo debían rendir exitosamente al año siguiente. Solo el rechazo de los docentes al proyecto (batallas campales incluidas) hizo que el Pro abandonara el perfil inicial de su iniciativa, que implicaba, de hecho, el avasallamiento del Estatuto del Docente. Por eso hoy, tanto Bullrich como Duro, miden cada una de las palabras con las que explican las bondades de Aprender.

Un tema en la agenda internacional y local

A nivel internacional, la agenda de la “evaluación educativa” emerge con fuerza en la década del ’80. Allí, varios países comenzaron a instaurar sistemas de evaluación nacionales con el fin de medir, primero, el rendimiento escolar. Previamente distintos países, inclusive desde los ’60, realizaban evaluaciones limitadas y específicas (en el acceso a la secundaria o a la universidad mayoritariamente). En 1986, Costa Rica introdujo el Instituto de Investigación para el Mejoramiento de la Educación Costarricense (IIMEC), que inició pruebas censales a los alumnos de escuela primaria y secundaria. Pionero en la materia fue Chile, quien en 1968 introdujo la Prueba Nacional de Octavo Grado. Distintos países implementaron pruebas estandarizadas: Finlandia, Bélgica, Cuba, Estados Unidos, Gran Bretaña, Chile, México, Colombia, Ecuador, Argentina y una larga lista de etc. En general, los países se agrupan en dos modelos: aquellos que publican rankings por escuela con los resultados y quienes no lo hacen, aunque ello no implica que no se den a conocer los resultados a cada una de las escuelas. Gran Bretaña, Estados Unidos y Chile se encuentran dentro del primer grupo, Finlandia, Bélgica y Cuba dentro del segundo. Hasta el momento, nuestro país no formó parte de uno ni de otro exactamente ya que la información se publica agrupada y solo un año está disponible para ser consultado por la propia escuela examinada.

En general, las evaluaciones a docentes entroncan con las discusiones sobre cuáles deben ser los mecanismos de motivación interna de la profesión docente. Entre otros organismos, el Banco Mundial y la OIT tienen una larga agenda de intervención señalando que los incentivos privados deben también implementarse en la profesión docente cuestionando, además, la rigidez del Estatuto del Docente como convenio colectivo de trabajo. El Banco Mundial, sostuvo en 2011, que “los docentes se comprometen más con la mejora educativa cuando deben rendir cuentas” (léase: ser evaluados). Asociado a la evaluación de estudiantes, la publicación de los resultados o los incentivos económicos por escuela, suelen ser los mecanismos más utilizados, valga de ejemplo, la reforma educativa inglesa, de fines de los ’90. En este contexto, parte del equipo educativo de Cambiemos acumula en su historial propuestas como como la implementación de exámenes al fin de la carrera docente o en la selección de los futuros profesores en su formación inicial o un examen de ingreso a la docencia como elemento habilitante luego de estar recibidos (valgan de ejemplo, los trabajos de Veleda y Mezzadra hoy a cargo del Instituto Nacional de Formación Docente).3 Este criterio fue compartido por el Frente Renovador en boca de quien es su pedagogo estrella: Gustavo Iaies. Quienes piensan que Cristina estuvo muy lejos de estas ideas se equivocan. Basta recordar que, en 2014, propuso en la negociación de paritarias un plus por presentismo, otra forma de fragmentar el salario. El kirchnerismo ideó también la mentada evaluación integral: “la evaluación institucional participativa”4 y en la Ley de Educación Nacional se comprometió a implementar “una política de evaluación concebida como instrumento de mejora de la calidad de la educación, conforme a lo establecido en los artículos 94 a 97” (artículo 85º). El kirchnerismo también propuso una lista larga de los evaluables: los alumnos, su rendimiento y contexto socioeconómico y las políticas educativas; los docentes, sus prácticas y las de los directivos.5 Luego distintas Resoluciones del Consejo Federal le dieron carnadura al proceso. Si nos remontamos un poco más en el tiempo, en realidad, la LEN solo especificó tareas para la agenda menemista. Recordemos que, el Título IX de la Ley Federal incorporó la evaluación permanente como una característica intrínseca del sistema educativo, si bien en esos años se limitaba a la adecuación curricular.

Piano, piano

Una de las estrategias de Cambiemos en el lanzamiento de las Aprender fue desterrar cualquier sospecha de que las pruebas serían un mecanismo “punitivo”. Según Duro, los objetivos de la nueva secretaria son los de “obtener información periódica y estratégica para la toma de decisiones y para el fortalecimiento de las instituciones educativas y sus actores”.

Hasta el momento el macrismo sostuvo que las evaluaciones no se harán extensivas para el sector docente, aunque no descartaron la posibilidad de aplicarlas para el 2017. Obviamente la decisión desató toda clase de denuncias de la izquierda, sosteniendo que la propuesta de Bullrich va tras la privatización de la educación pública y que estos exámenes serían utilizados para descargar todos los problemas de la educación sobre el sector docente, precarizar condiciones de trabajo, destruir al Estatuto e introducir mecanismos de privatización escolar. En una gran campaña mediática, Cambiemos minimizó esos planteos. Por un lado, especificó que solo se evaluarían alumnos y que se trata de construir un trabajo a mediano plazo. El objetivo sería reposicionar la calidad, contando con más y mejor información estadística. El objetivo de evaluar, a decir de Bullrich, es saber dónde estamos y, a partir de los resultados, trazar metas. Según el Ministro, inclusive los datos deberían servir para dirigir una política focalizada que acompañe, sobre todo, a los sectores más vulnerables.6 Elena Duro desmintió que los datos vayan a ser publicados en rankings: “Vamos a producir información a nivel municipio, por primera vez desde que se instauraron los procesos de evaluación en Argentina.”7

En una declaración como miembro de la UNESCO, en 2014, Duro también indicó que los rankings de escuelas no eran el objetivo, pero sí que cada escuela pueda contar con la información sobre su rendimiento para poder trabajar en términos institucionales con el resultado. En el mismo documento de la UNESCO advertía sobre los peligros de la estandarización. En algunas declaraciones señaló que la desvalorización social de los docentes impactaba en las evaluaciones, pero también marcó que había factores como el ausentismo, que se debían trabajar porque alcanzaban niveles muy elevados de entre el 22% y el 25%.8 También, en intervenciones previas, se encargaba de señalar que existían múltiples factores que impactaban sobre la calidad: las condiciones de trabajo docentes, el origen socioeconómico de los alumnos, la infraestructura entre otros. Por su parte, Bullrich enfatiza el etapismo: esta es una primera etapa de un largo proceso, donde no se busca castigar a nadie, sino mejorar. El esfuerzo del Ministro y de su secretaria construyen un discurso en clave “zen” y K: antes del operativo, las escuelas debían trabajar para generar una “cultura de la evaluación”, porque nadie saldrá perjudicado. A posteriori, la misión es “empoderar al Estado” para que, a través de la evidencia que suministren las evaluaciones, se tomen decisiones junto a la sociedad. El verso de siempre.

Para darnos confianza, los funcionarios macristas señalan que la “revolución” se inició en CABA cuando la gestión entendió que los alumnos no deben ser “buscadores de trabajo sino creadores”. La escuela debería cambiar su paradigma, porque las actividades tradicionales ya no darán abasto, por lo que se deben crear nuevos trabajos. Para afirmar sus dichos cita a Steve Jobs, Bill Gates y otros “emprendedores” por el estilo: hay que “formar para crecer y progresar en la incertidumbre”.9 En esa agenda, los padres deberán ayudar a formar habilidades socio-emocionales. En el mejor caso, las pruebas Aprender buscarían cumplir con metas muy elementales, a decir de Bullrich, salir del estancamiento que muestra que 1 de cada 3 no puede leer o realizar ejercicios matemáticos elementales, el único dato cierto en toda esta hermosa filosofía.

Y nosotros qué…

Lo cierto es que las pruebas provocaron el rechazo de todos los sectores del sindicalismo docente, tanto de la burocracia celeste como de los sectores combativos. El oportunismo de CTERA-UTE-SUTEBA movería a risa si no tenemos en cuenta la confusión que puede generar en miles de compañeros. CTERA se coló en la campaña de oposición a las pruebas aduciendo que se toma a alumnos y docentes como “objetos” sobre los que se pretende abstractamente medir la calidad.10 Que son pruebas extranjerizantes, punitivas y toda una serie de argumentos ad hoc que deberían haberle espetado en su momento al kirchnerismo y, sin embargo, allí estuvieron defendiendo la evaluación integral.

Por su parte, los sectores combativos iniciaron una férrea campaña en rechazo a la evaluación. En general, todos coinciden en señalar la avanzada sobre los docentes: destrucción del Estatuto, precarización laboral (vía plus salarial), posibles despidos y que se cargarán las tintas de los malos resultados sobre los docentes. También entienden que genera nuevos negocios (para las empresas que hacen, toman, tabulan resultados de las pruebas y venden libros de texto) o bien que es un nuevo camino hacia la privatización vía charterización (recursos financieros para las escuelas con buenos rendimientos e incentivos económicos para los alumnos como premios). En términos más generales, algunos llegan a plantear que consideran que calidad y evaluación son conceptos reaccionarios, porque miden a los alumnos como si fueran un producto más dentro del mercado en un contexto aislado. No se considera así ni el contexto socioeconómico del alumno y de su familia ni el de la escuela. Que ya se sabe que las pruebas van a dar mal dada la devaluación del currículum que implementaron las reformas, el fin del trabajo asalariado y el reemplazo por formas más precarias como el llamado “emprendedorismo”. También que el resultado de las pruebas dará lugar a un mayor vaciamiento curricular: solo se enseñará aquello pertinente para los test. Por eso, la mayoría de las fuerzas de izquierda están llamando a organizar asambleas y/o paros los días de las evaluaciones, que las familias no envíen a sus hijos a las escuelas, es decir, que las pruebas no se tomen. Como la campaña se centra en un “no a la evaluación”, Bullrich acusa de “oscurantistas” a unos y otros.

Nuestra campaña no puede centrarse solo en el rechazo a las pruebas. Por un lado, si el gobierno pretende evaluar a los docentes e introducir salario por mérito, es probable que un porcentaje no menor de nuestros compañeros se vea tentado a defender el criterio. Tenemos que explicar las consecuencias de ese proceso. Este tal vez sea el punto más fácil. No está claro cuántos alumnos harán las pruebas el próximo 18 y 19. ¿Qué vamos a hacer nosotros si el operativo triunfa de todos modos? Es claro que el gobierno usará los resultados como variable de ajuste. Es probable que las Aprender arrojen los mismos resultados que en los últimos veinte años con mayor nivel de detalle: uno de cada tres tiene dificultades serias de lecto-comprensión y no puede realizar operaciones matemáticas elementales, uno cada dos no puede resumir ni inferir información no textual. Esos resultados se agravan en las provincias más pobres de nuestro país: la mitad no comprende lo que lee. Esa es la educación que recibe la población que a este sistema social le sobra, aumento de la obligatoriedad mediante.

Frente a esto, nuestro argumento no puede limitarse a la filosofía K de “no te lo cuento para no estigmatizar”, tal como Kicilloff hizo con la pobreza. Si en este proceso queremos defendernos como colectivo y defender a nuestros alumnos, tenemos que usar las pruebas (que ya tenemos) para mostrar y explicar la raíz profunda de este proceso: la barbarie educativa a la que lleva este sistema social. Podemos hacer charlas, asambleas en las escuelas, jornadas mostrando cómo el resultado de las pruebas tiene una explicación y los motivos no son los que el gobierno va a usar. Nosotros tenemos que explicarle a nuestros alumnos, a los padres, a los auxiliares de la escuela, a los equipos de orientación, que el problema principal que atravesamos en la actualidad es la constante degradación educativa en todas sus variantes: degradación salarial, de infraestructura, curricular, etc. Que la degradación tiene múltiples formas (en la escuela común, en los Fines, en la jornada extendida), todas instancias donde nos piden simplemente que nuestros alumnos no repitan, que hagamos un esfuerzo y nos convirtamos en perfectos tituladores, asistentes sociales, contenedores y cuánto más, colocando en último plano el rol educativo.

El origen del problema está fuera de la escuela. El capitalismo argentino atraviesa desde hace varias décadas un periodo de derrumbe cuyos rasgos se trasladan al sistema educativo en su conjunto. ¿Para qué va a querer la burguesía nacional que sus futuros explotados adquieran algo más que las simples habilidades básicas, si el trabajo se descalifica e inmensas masas de la población le sobran? Las escuelas públicas para los hijos de los trabajadores van a seguir promoviendo conocimientos cada vez más degradados. Los resultados van a ser usados para convencernos, con un neo-darwinismo cruel, que es falta de inteligencia, esfuerzo, “emprendedorismo”, voluntad. Hagamos una campaña única denunciando no solo las pruebas sino todas las formas que asume la degradación: reforma de régimen académico, paraestatalización educativa (Fines, Jornada Extendida), ficción de los indicadores de rendimiento, compulsión a la promoción, inexistencia de materiales para el aula, etc. No se trata de un parche aquí o allá en el sistema educativo. Debemos atacar las causas internas (educativas) desde un planteo global y las externas (del sistema social) en la lucha política de manera organizada.  Solo con una agenda completa podremos abroquelar al conjunto de la población detrás de una intervención que no se limite a decir “no a la evaluación”.

NOTAS

1Consejo Federal de Educación: Declaración de Purmamarca, 12/02/2016, p. 1. Disponible en: http://goo.gl/jVIL8M

2Consejo Federal de Educación: Resolución Nº 280/16, 18 de mayo de 2016, Buenos Aires. Disponible en: http://goo.gl/L8meXp

3Por ejemplo, quienes hoy se encuentran a cargo del Instituto Nacional de Formación Docente han propuesto esto (Cecilia Veleda y Florencia Mezzadra ambas investigadoras del CIPPEC).

4El Cronista, 12/09/2014. Disponible en: http://goo.gl/Y5jMtO

5El artículo 95º establece: “son objeto de información y evaluación las principales variables de funcionamiento del sistema, tales como cobertura, repetición, deserción, egreso, promoción, sobreedad, origen socioeconómico, inversiones y costos, los procesos y logros de aprendizaje, los proyectos y programas educativos, la formación y las prácticas de docentes, directivos y supervisores, las unidades escolares, los contextos socioculturales del aprendizaje y los propios métodos de evaluación”.

6Lanata sin fitro, 23/8/2016. Disponible en: http://goo.gl/vMDnbZ

7La Nación, 22-04-2016. http://goo.gl/lkKlDy

8Evalución Educativa, 29/08/2014, UNICEF. Disponible en: http://goo.gl/y92MYN

9Esteban Bullrich: “Una nueva agenda educativa para la región”, II Congreso de Educación y Desarrollo Económico, 30 de junio de 2016, Bs As. Disponible en: http://goo.gl/rQNjat

10CTERA se opone al Operativo Nacional de Evaluación Aprender 2016, disponible en: https://goo.gl/tLLAz3

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